Hay una regla, sacrosanta casi, que siempre, repito, siempre va a cumplirse.
En los cumpleaños, siempre pasa algo.
Todos recordaremos cumpleaños, quizás no por lo bien que se pasan, que también, sino porque hay alguna anécdota que hará que se recordará aquella noche, como la noche en la que… pero bueno, como siempre, empezaré por el principio, que es lo que tiene...
Yo, que trabajo y estudio en Viapol, vuelvo a casa por la noche esperando noticias de mis amigos para ver qué hacíamos en el cumpleaños de una amiga, ¿y a dónde vamos? A viapol, para no perder la costumbre. Total que quedamos ya tarde porque tengo algún amigo que botella que le dejo que me guarde, botella que pierdo, y nos reunimos con unas “psicolocas” (estudiantes de psicología, término pendiente de copyright) que de camino a ti ya han tirado una botella de cocacola al suelo saliendo disparada, con vasos en la mano y con la cumpleañera con una pene con una pajita de la que beber (pajita de beber, cañita digo) y ya piensas bien empezamos la noche.
Total que empieza a venir la gente y poco a poco nos servimos la primera copa. La primera copa y ya está, porque una botella para 10 personas que habíamos el que haya tenido para dar un sorbo de un cubata de alguien fue el más afortunado de todos.
Total, que “hartos” de beber, beber el agua de la lluvia digo, nos metemos en la discoteca esperando recibir una copa gratis pero por haber concierto de un chico que toca una canción con un violín cada media hora, para los tíos no hay copa.
Pero todos los tíos no estábamos tristes. Había al menos dos tipos contentos en toda la discoteca. Uno, era yo, con un reloj (de estos casio clásicos pero ahora de colorines fashion tu sabes ave) con luces sicodélicas, y otro hombre, de unos cuarenta años, que de aquí en adelante hablaremos de él como Ángel Cristo.
¿Se acuerdan de Ángel Cristo? ¿El domador este de leones, que los leones no se lo comían porque se quedaban con hambre? Pues resulta que no estaba muerto, estaba de parranda, y va los viernes de discoteca. Y no es que vaya abrumado por mucha gente alrededor, no, él es más de llegar el viernes y decir: “voy a salir solo esta noche a triunfar”. Y es verdad, el nota lo triunfa ahí bailando con toda la gente de la discoteca. Eso sí, con gente que tiene estómago no puede bailar porque ya sabes lo que pasa, te dan ganas de vomitar y tal, pero esa es otra historia…
Así que nos ponemos en situación para lo importante de la noche. Estamos cada uno bailando como puede y con quien puede, y una de las camareras empieza a ofrecer montaditos de jamón por cortesía de Paddock, y uno de los que cojo se lo ofrezco a un amigo, que llamaremos Michael Jackson, porque antes me comentó que tenía hambre. Se lo ofrezco y el nota ni se inmuta, así que me voy a la barra a pedir. A los 5 minutos vuelvo y me encuentro que no hay nadie del grupo, así que me quedo con otra gente. Al rato me encuentro a uno y me quedo hablando con él, y por simple curiosidad me da por preguntar por el resto, y como el que no quiere la cosa, me dice el nota: “ah pos ahora que dices, resulta que se van a llevar en ambulancia a Michael Jackson”. Me quedo así con la cara de póker en plan: emm lo típico, ¿no? Y ya desagregando la información me dice: “ná (sí, está en una ambulancia, y empieza la frase con “ná”) que estaba ahí tan tranquilo, empezó a perder la visión, y de repente perdió un poco la conciencia y se desmayó”, y tal como me dice eso, empieza a meterle cuello a una tía… Claro yo no sabía si pedirle explicaciones a Ángel Cristo por si tenía algo que ver o qué, cuando ya bajé para abajo y me encuentro con las psicolocas y mi colega Jackson junto otro amigo que se iban para El Rocío (el hospital, no al pueblo). En esas, cojo el coche de mi amigo para allá y nos vamos para Urgencias. Allí un guardia civil mandándonos a callar como si fuera aquello una biblioteca y es verdad, el único día que es gracioso ir a urgencias es en carnavales, y ver a una fresa con convulsiones o a un doraemon con una botella clavada en el cráneo, un 26 de noviembre no es tan entretenido. Total que ya entramos en la consulta y allí la médica, recién salida (de la facultad), no sabía ni lo que le había pasado, así que copio parte de la conversación que tuvimos dentro:
Ella decía -vamos esto ha sido una relación causa-efecto-.
Jackson: -claro, he bebido un poco y me he desmayado, ¿pero qué ha sido una bajada de azúcar?-.
Médica: -no vamos, una relación causa-efecto-.
Jackson: -que no te digo yo que no, bebida-caída, pero ¿quizás una bajada de tensión?
Médica: -no, no, una relación causa-efecto-…
Que ya uno con sanitarios como ésta te quedas más tranquilo, que ya no morimos de cáncer, morimos de una relación causa-efecto… Mis cojones…
Y ya luego con su correspondiente labia, diciendo que se iba a seguir un reconocimiento domiciliario por si volvían a aparecer síntomas, que tú te imaginas que vas a tener un médico las 24 horas echándote el aliento en la nuca, pero resulta que no, que un reconocimiento domiciliario es que tú solo ya te examinas y si te desmayas, cuando recuperes el conocimiento ya te vienes a urgencias si eso… Sí, el reconocimiento domiciliario también tiene una palmadita en la espalda al salir en plan: “ea, suerte”. Y se ve que la tía, será todo lo parca (parca) en palabras habladas, pero empieza a escribir casi 3 folios, y ya nosotros con curiosidad en plan. “estará desarrollando su teoría de la causa-efecto o algo y a ver si ahí nos enteramos…”. Total que ya salimos de urgencias y volvemos al coche con una invitación de desayunar macarrones por parte de las psicolocas, pero declinamos la oferta y nos volvimos a casa en una noche lluviosa, entretenida, y con dos muertos que volvieron a la vida y que a día de hoy, están bien.
Pd: Cuentan que Ángel Cristo consiguió ligar con una chica así morena y canijita que había por ahí que se ve que no tenía estómago ni nada…