jueves, 30 de septiembre de 2010

Las bodas

Bienvenidos, y bien hallados.

Llega un día en nuestra vida que nos vemos afectados por tres frases típicas en este país. Tres frases, una según el momento de la vida en que te encuentres, que da igual porque te lo va a preguntar todo aquel esté en el evento, que la respuesta es un bueno, no sé qué…  lo respondes ahí con una sonrisa, y cuando ya te lo preguntan por nonagésima quinta vez, que son 95 veces preguntando, que ya es, para el que no lo sepa, ya dices: hombreee es queeee…

Estoy hablando de las bodas.
Y es que es verdad, tú realmente vas viendo que vas creciendo con las preguntas típicas que te hacen en las bodas, sobre todo cuando la tienes fuera en algún pueblo u otra ciudad al que no sueles ir mucho y la tienes con la familia, incluso aunque tu vayas sólo a una boda en la que no conoces a nadie pasa lo mismo. Cuando eres un chico o una chica adolescente, se te acerca la típica señora mayor, de las que de pequeña tenían de mascota algún dinosauro hoy día ya extintos, de esas aún con permanente que la lleva desde el año 84 y no se la ha quitado, que sale tan poco que ya el hecho de tocar una copa de champán vacía, ya la pone con el puntillo, que te pregunta la primera de las típicas frases: ¿y esas novias? Que lo mismo tú no la has visto en tu vida, pero ella te vio una vez de pequeño y ella dice que se acuerda perfectamente de ti y se acuerda muchas veces (cosa que a mí siempre me ha dado grima, que una vieja con dedos ya arrugaos se acuerde tanto de ti), de siempre y dices ahhh claro… emmm… tú… cómo iba a poder olvidarla… a usted y a su bigote… Y a partir de aquí hay un peligro, porque como digas que estás soltero, te puede decir la misma señora: “ay pues ven aquí que te voy a presentar a mi sobrina”. Que tú vas no porque quieras, sino porque te engancha la mujer con ese brazo que parece el remolque de una grúa, atraviesa contigo la pista de baile mientras piensas “por favor que nadie me vea agarrado con este bicho” y te presenta a una chica, chica, por decirle algo, que tu cuando entraste te creías que era parte de la decoración del local y que al darle dos besos ya ella te pincha con su bigote, se ve que es de familia, ese tipo de chicas que no es que sea gordita, no, es que se va a comprar ropa al merkamueble. Esa chica rolliza, no porque sea aburrida que también, sino porque no utiliza muelles en la cama, utiliza las suspensiones de un tráiler. Ya ahí la mujer de la permanente te suelta y si miras alrededor te ves como a media familia tuya, sobre todo tus padres, que te miran en plan: “ea, a ver qué haces”, agitando ambas manos con las palmas para arriba intentando animar, o al menos no desanimar, porque realmente, los hombres solteros nos sentimos presionados en estas ocasiones, y sobre todo con esto... Que tu realmente no sabes si meterle cuello o ponerla en la típica plaza y torearla con un capote en plan ejeee bisonteeee… porque otra cosa…

Que bueno, luego con el tiempo vas creciendo, y por ejemplo vuelves al mismo pueblo a otra boda, y llevas alguna pareja. Ya ahí la vaca de antes con vestidos de cortinas se ha puesto concretamente uno con mazorcas a los lados, ahí muy mona ella o eso cree, y te mira con miradas huidizas porque llevas acompañante, quizás esperando que le digas que bien le sienta esas trenzas en el bigote, no sé, cuando se te acerca la misma señora de la otra vez, la tía que parece que nació con la permanente de serie y que lleva medio siglo peleada con la peluquera, que ahora te pide que le presentes a tu novia, le hace un tercer grado, que para los que hicimos la ESO es un curso que siempre se repite, y que además, es un interrogatorio, le cuenta la típica anécdota de cuando tú eras chico, la cual sigues sin recordar y siempre te deja en mal lugar, y ya viene la segunda de las frases típicas de una boda: y vosotros, ¿cuándo os casáis? Que da igual el tiempo que tú lleves con esa persona, los antecedentes que tenga, o que realmente sea una muñeca hinchable que te has llevado con tal de que te dejen tranquilo, que todos los asistentes de la boda te lo preguntan, todos. Que hasta ha habido veces que los mismos camareros que no conoces en tu vida, que son rumanos que han traído al país (ahora de Francia está viniendo una mano de obra muy barata) nada más que para esta boda que no saben ni papa de tu idioma, te preguntan en perfecto español: “¿y vosotros cuándo os casáis?”. Que parece una obligación casi, porque a ella le da igual que ni os lo hayáis pensado y uy de ti si no la invitas… la que te puede caer a chismorreos… Que ya cuando la de las cortinas del merkamueble de antes está contentilla, se te acerca como intentando darte envidia, dolida por el desplante, llámale desplante, llámale banderillazo que le pegaste en la espalda la otra vez, y no estamos hablando de sexo, cuidado, vacilando de lo bien que lo va en la vida y lo buen partido que es. Que piensas como no trabaje como molde para carpas de piscinas climatizadas, pues no te lo entiendes, pero bueno…

Total, que pasan los años y ya tú te has casado y te vuelven a llamar para otra boda en el mismo pueblo. Ya cada vez que te nombran el pueblo te acuerdas de la gorda y te recorre un escalofrío por la espalda, pero ya que no tienes nada que hacer pues allá que vas. Tú ya te ríes porque entras con la alianza y tu pareja, sabiendo todo el pueblo que estás casado, y ya te ves a la de las carpas de piscina medio ahogando a un tipo bajito con menos gusto que futuro, de esos que no tiene mascotas en casa porque cada sábado por la noche recibe unas cuantas cobras… recordamos para el o ella que no sepa qué es una cobra es lo que te hace la tía a la que vas a besar con toda la ilusión y con dos cubatas encima y ella te hace así y mueve sinuosamente el cuello para atrás como con vavienes mientras te mira con cara de asco, y como intentando darte envidia la canija, que más que envidia te hace replantearte tu heterosexualidad pero bueno… Bueno eso, que llegas, comes, y antes de llegarte el postre ya en una silla vacía al lado tuya se te sienta la misma señora de siempre, la del brazo con una grúa, que la ves ya caminando hacia ti con los ojos inyectados en amor y cariño, y aunque te pregunta por tu vida a ella en verdad le da igual, primero te vuelve a contar la anécdota de cuando eras un crío y con el paso del tiempo te deja cada vez peor, y se produce la última, definitiva frase típica de las bodas, y es: “¿y los niños para cuando?” Que piensas tú, bueno, dónde viene que tenga que tener pareja, luego casarme y luego tener niños, pero bueno, haremos todo eso porque si no este monólogo acabaría muy pronto.

Los niños. Que piensas, mira que preguntar cosas tan poco alegres en eventos tan poco alegres… Porque una boda… tela… Pero de eso ya hablaré otro día. A mitad de setiembre estuve en una boda en la catedral y tela… Eso de que siga de luna de miel y no lea el blog tanta gente es una ventaja…

Da igual porque quieras o no, tienes que contarle tus planes de futuro a esta mujer, que resulta ser familia tuya porque ha encontrado una relación contigo porque eres el hijo de la prima de la sobrina de la abuela de la tía hermana de un tipo que era estéril, no podía tener hijos, y adoptó una cría que se fue al extranjero que tuvo otra hija con un mercader portugués y que resultó ser ella, y claro, sois familia y estas cosas se cuentan en familia. Que si el trabajo, que si donde vives, que cómo se va a llamar tu hijo… Que llega el segundo de los momentos esperados en una boda. El primero es escuchar paquito el chocolatero, que no falte, que últimamente siempre ponen el remix de King áfrica. Y el segundo es que se te acerque la chica de las cortinas más que agarrada, enredada con el chico que ha conocido, para contarte que le acaba de pedir matrimonio… que ves el estado del pobre y con los cubatas que lleva da igual que le pidas que se haga las ingles brasileñas que por otra copa se depila con cera caliente hasta los pelos de la nariz, pero bueno… Que no es bueno ir borracho así, porque como empiece a ver doble a su pareja va aviao (aviao, para no andaluces, viene de avituallamiento, que me he estado yo informando)…

Y es que para una boda, como llegues ya casado y con un par de niños, es que ya eres historia. Da igual que hayas perdido el brazo en una guerra o que te hayas cambiado de sexo, que nadie va a venir a preguntarte nada ni lo esperes, que lo único que vas a tener es a la vaca con el novio así cabizbajo intentando darte envidia y preguntándole, ahora a tu hijos, que cuando se van a echar novia. Y es que es así, hay tradiciones, que para bien o para mal, no pueden cambiar, y para todo lo demás, siempre quedará mandar una batidora a los novios y no ir al convite. 

Muchas gracias.

Posdata: Como la luna de miel de la boda que fui este mes ya ha terminado, he de decir que me lo pasé muy bien, que volvería a repetir, y que no me han obligado para nada, ehn, para nada, a rectificar…
Muchas gracias.

martes, 21 de septiembre de 2010

Gimnasios sin conocimiento

Llega setiembre (recalco, setiembre, sin p) y viene todo lo malo. Los atascos, los exámenes, los dedales del mundo, que por cierto, al fabricante de los dedales ¿no se le ha pasado por la cabeza que ese negocio no va? Es que me lo imagino hace unos años con los amigos de botellona, cuando surgen las típicas ideas de montar una empresa, y el tío levantando la mano en plan: “ostia tío, se me ha ocurrido una idea con la que nos vamos a forrar” con esa frase los amigos ahí sin querer beber para no dejar de oír, expectantes, y suelta el nota: “dedales del mundo, flipa ahí”… y ahí está, año tras año intentándolo el tío y nada, que se come el nota menos que un minero chileno, porque está muy mal pagado no por otra cosa, pero lo que verdad mueve masas corporales es volver al trabajo y ver a gente que no has visto en meses y que lo primero que te diga es: “pues estás más gordo”. Que ya has podido volverte negro, o haber perdido un brazo, que te ven con 3 gramos de más, como en alguna discoteca por la noche, que te lo vuelven a decir: “a ver si vamos más al gimnasio, ¿no?"

Que daño, que daño ha hecho esa frase. Porque eso los gimnasios lo saben, yo creo que pagan a gente para que vaya por la ciudad diciendo: estás más gordo, estás más gordo, repartiendo fliyers y todo, estás más gordo, y a la vez esos centros del culturismo, que fite tu hubo un tiempo en que a la hora de poner nombres a las cosas, les dio por decir que el ejercicio físico era cultura, sacan ofertas especiales como un “invita a dos amigos a pasar un día en nuestro gimnasio”. Que te lo dice tu colega y tú, insensato, te alegras por la pedazo de tarde que te vas a pegar, y es verdad, porque entre una cosa y otra al día siguiente sólo te vas a acordar de un pedazo de la tarde…

Pues eso que llegamos al gimnasio con más calor que dentro de un microondas, y llegas ya con cara de buaf, voy a salir petado ya en un día. Visitas el vestuario y te llegas ya por fin a la primera máquina, el spinning. Ningún experto lo ha corroborado, pero que daño ha hecho esta máquina, que tú ahora en época de la vuelta de España te envalentonas y piensas que el modo calentamiento está hecho para novatos, porque tú le pones el modo montaña con pendiente del 320% y hala, a perder músculo… que tú lo intentas normalizar, mirando así de reojo al resto de corredores que apenas sudan de momento y se te ve a ti, a 1 kilómetro por hora que parece vayas a explotar pero tú como si nada, como si lo hicieras todos los días y disimulando tu falta de aire, pero eso de reducir la marcha, ¿pa qué? Le sigues poniendo más  pendiente a ver si un momento ya en 360 da la vuelta, se vuelve plano, ya viene más fácil… pero se ve que no.

Total que das una pedalada en total en media hora y toca cambiar. Tú, que has sudado, te refrescas un poquito, y al bajarte de la bici se da el efecto royal, que te bajas y parece que tienes las piernas de gelatina, que un momento dado tienes aún el efecto de un condón de fresa y alguno te pega un bocao en la pierna, y si no, que se lo pregunten a Mariano Mariano.

Y en esto que sigues con el tour por el gimnasio y haces algo de abdominales, un poco de cinta, eso sí, tu a tope pero como si estuvieras siempre acostumbrado, cuando te sugieren un bañito en la piscina. Te cambias ya con tu bañador y tu gorrito de natación, obligatorio y a la vez la cosa más antierótica que existe, aunque por segundo lugar detrás de estar desnudo con calcetines de deporte ahí a media pantorrilla. Te tiras a esa piscina y da igual el público que haya, que tú tienes que impresionar a alguien. Da igual que sea una chica de ventipocos, morena, con el bikini apretao o la vieja de la fabada que por tu madre tienes que pelear por batir el récord mundial de piscina olímpica. Que los primeros largos mu bien, tú orgulloso, y cuando llevas unos cuantos como que te falta el aire llegando al final, y qué haces, ¿paras?, para nada, sigues con tu técnica de mirar al resto de la piscina como si fuera lo más normal del mundo hasta que te das cuenta que estás más azul que los corchopanes estos que te los ofrecen para que salgas a flote y dices: eso es pa novatos y es verdad, no te hace falta, porque total… pierdes el conocimiento… y ya por inercia flotas y te tienen que sacar en camilla. Que te vienen los socorristas de piscina en plan: ea, otro que intenta impresionar a la vieja. Te sacan, te secas, y después de recoger el color de la cara que te habías dejado abajo, te mandan a los vestuarios a pegarte una duchita.

Desvalido, vas a pegarte una ducha y tú, que es tu primer día y empiezas a olerte que el último, te intentas cambiar así un poco sin que te vean y hay una regla no escrita en la que tú, en un vestuario, da igual que sea un vestuario de 300m2 y tengas la taquilla más lejana, que te pones en bolas y hala, a resfriarte. Que tú ya previsor te vistes sin enseñar mucho y te dispones a agacharte hacia delante para apoyarte en el banquito a atarte los botines. En esto que aparece un señor de la nada como el doctor le trajo al mundo, porque dios no lo trae, lo trae el médico que para eso es el primero que lo saca, y se pone a vestirse con toda la parsimonia delante de tuya, de espaldas por lo menos para que no… pues eso que el tío se viste delante de ti, y en esto que centras tu vista en los cordones así agachado, claro, como el otro hombre también tiene que vestirse, no tiene otra cosa que echar el culo para atrás, dirigiendo su agujero negro hacia el banquito en el que estás. Te da por mirar a tu izquierda y ves a otro tipo ya vestido viendo tu escena ojiplático intentando encontrar una explicación, consiguiendo que finalmente tus dos ojos entren en contacto visual con el ojo solitario del que estaba intentado vestirse… vuelves a perder el conocimiento… y tiene que venir a socorrerte el mismo señor de antes, buscando posibles viejas asesinas, no vaya a ser que haya alguna camuflada…

En esto que ya consigues llegar a la cafetería para pedirte un café con 14 azucarillos, que te lo pone la camarera pensando que eres un enganchado a la coca de poco presupuesto y te dejan en casa insano y salvo, encontrándote a tus padres cenando ajenos a que has estado a punto de morir. Por lo que le cuentas la historia, y hay dos posibles conductas que pueden tener tus padres, una es que se descojonen en toa tu cara y otra que se echen a llorar y diciendo que tienes que ir al médico, y si tengo un padre y una madre, pues cada uno cogió un papel. Sí sí, es muy gracioso ver como tu padre empieza a golpear el reposabrazos del sillón rojo de la risa tirándote la comida y tu madre pidiendo cita para hacerte un electro mientras te dice que no puedes seguir llevando tu vida al límite… que te lo piensas y dices si hacer un rato de bicicleta y unos largos ya le parece que tú estás mu loco y que eso es llevar tu vida al límite, cuando conozca a cualquier consejero del betis mi madre se vuelve loca… y no hablo del deporte de los consejeros… snif… que me pica la nariz…

Pero es que es verdad, es que todo esto pasa porque hay tías, unido a tu función de machote, que te hacen perder el sentío…

¿Bienvenidos, bien hallados!

Pues eso, bienvenidos y bien hallados a todos estos que han entrado en este blog y que entre todos hagamos de éste, una salida al humor (quiero decir que nos haga reír, no que no se parezca en nada al humor, que si no mal vamos).  ¡Así que a reír toca!